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Diario YA


 

Los políticos de esta democracia coinciden en una suerte de existencialismo, amparada y supeditada a los intereses de partido o a los compromisos adquiridos con las fuerzas globalizadoras

EXISTENCIALISMO POLÍTICO

Manuel Parra Celaya. No nos engañemos: lo que está en juego en estos momentos no es una alternancia o turno de partidos en el poder ni una interpretación, más o menos fraudulenta, de la Constitución vigente, sino un debate abierto sobre la propia existencia de España, esa que niegan rotundamente los separatismos y que permanece como una nebulosa maleable en la mente de una parte de los españoles abducidos por los vaivenes ideológicos. Esta situación no es actual, sino que viene de lejos (es español el que no puede ser otra cosa, decía Cánovas socarronamente) y deja a la nación como un borrador inseguro cada cierto tiempo; el motivo es que esta mirada pierde de vista un aspecto fundamental: la esencia de España, que, en una justa interpretación, justifica aquella existencia controvertida para algunos. La razón estriba en que no nos adentramos en la metahistoria (sí en la historia para tergiversarla, cuando no se oculta y desconoce), ni la política -ese arte de lo posible- se fundamenta en la metapolítica.

Pedro Sánchez habrá triunfado en su felonía

ENTRE EL PRAGMATISMO Y LA VISCERALIDAD: amnistía=amnesia

Manuel Parra Celaya. El 14 de marzo de 2024, cuando se están escribiendo estas líneas, el Congreso de los Diputados da su voto afirmativo mayoritario a la Ley de Amnistía. Poco importará que el Senado, de mayoría popular, en una segunda votación, difiera su aprobación definitiva, pues sabemos de sobra que la ley saldrá adelante y será ratificada con la firma de Felipe VI, aunque el monarca se tape la nariz al hacerlo, imitando en esta actitud a muchísimos españoles que lo vienen haciendo en cada contienda electoral desde hace lustros. Esta amnistía -incluso puesta presuntamente en tela de juicio o sometida a trámites inánimes en el ámbito comunitario europeo- no solo borrará (amnistía=amnesia) las pequeñeces de un golpe de Estado en una nación constituida, las mangas y capirotes a una Constitución vigente, la malversación de fondos públicos a favor de la intentona y el terrorismo callejero de la particular kale borroka en Cataluña, sino que eliminará de un plumazo aquel famoso 3% y las posibilidades -remotas desde siempre- de sentar en el banquillo a la familia Pujol-Ferrusola.

Se produce, así, continuamente, un remolino de acusaciones y denuncias, que se puede sintetizar en la manida frase de y tú más

SIÉNTATE EN LA PUERTA DE TU CASA…

“…y verás pasar el cadáver de tu enemigo”, dice un antiquísimo proverbio chino. Y esto se va cumpliendo en la política española día tras día, y, en general, en la de muchas naciones de nuestro entorno cultural. Por mi parte, nunca he intentado escribir sobre la corrupción en las altas esferas, y ni siquiera en otras más bajas y cercanas, pues, como dice Chesterton, “en la mejor utopía, debo prever la caída moral de cualquier hombre de cualquier posición en cualquier momento”; y añade: “Y sobre todo mi caída de mi posición en este momento”, lo cual es un ejemplo y ejercicio de humildad, dada la fragilidad del ser humano.

LA URGENCIA DE UN REARME MORAL

Manuel Parra Celaya. A una inmensa mayoría de la sociedad española le ha impactado el asesinato (no incidente ni sencillo fallecimiento) de dos guardias civiles arrollados por una potente embarcación de narcotraficantes; pero, al punto  de acabar de redactar esta primera oración, se me ocurre que quizás debiera rectificar: haber escrito “a una inmensa minoría” -como dijo el poeta-, pues eso de las mayorías suena mucho a informes-Tezanos y, poco creyente en ellos, sospecho que lo que de verdad caracteriza a una gran parte de nuestra sociedad es, tristemente, la indiferencia. Ojalá esté equivocado.

Dice un viejo refrán que nunca llueve a gusto de todos

DIVAGACIONES SOBRE LA PERTINAZ SEQUÍA

MANUEL PARRA CELAYA. Como advertencia previa, este título no es ninguna concesión a un recuerdo nostálgico del franquismo, sino que pertenece a un sintagma contenido literalmente en la Biblia, como aclararé más tarde; lo digo por los guardianes, siempre vigilantes, de la memoria democrática. Dice un viejo refrán que nunca llueve a gusto de todos, y lo estamos comprobando a diario en estos días: fuertes borrascas que provocan inundaciones en localidades de Segovia, nevadas insospechadas en Zaragoza y otras ciudades y pertinaz sequía para los campos andaluces y en Cataluña.  De este desbarajuste climatológico no es responsable Pedro Sánchez -aclaremos- , pero otra cosa es que recordemos cómo el PSOE de Zapatero, tras el criminal (y extraño, aun a estas alturas) atentado del 11M, echó al cubo de la basura de la demagogia el proyecto de un Plan Hidrológico Nacional que preveía trasvases de cuencas hidrográficas; la medida fue precedida de nutridas manifestaciones autonómicas en las que se reclamaba la propiedad absoluta del agua de los ríos para las modernas taifas.

DE LO SUBLIME A LO RIDÍCULO

Manuel Parra Celaya. Hoy había empezado a escribir -llevaba medio folio garrapateado, como fijación o maldición-.sobre la situación política española, pero como el tema está manido ad nauseam y los lectores, y la mayoría de españoles pensantes, están al cabo de la calle y no quiero contribuir a la crispación, la musa que suele guiarme cada semana me ha llevado por otros derroteros. De este modo, empiezo con una referencia a los animalitos, a los seres irracionales por naturaleza, que es mucho más gratificante que tratar de esta política, según se mire. Confieso de antemano que soy un apasionado del mundo animal y, en ocasiones, llevo esta querencia hasta la exageración; en mis paseos y recorridos campestres y ciudadanos,  me empeño en acariciar a perros y gatos (siempre con anuencia del dueño, si está a la vista); en las vacaciones en el pueblo de mis amores, me acerco a todo bicho viviente. No tiene todo eso nada que ver con que, al ser un servidor omnívoro, le encanten los embutidos y el buen jamón salmantino, y jamás le hago ascos a un buen bisté en su punto; lejos, pues, de mis apetencias y modo de ser de cualquier forma de vegetarianismo o de veganismo, que está más de moda. Como se puede deducir, he abominado de la letra pequeña de la Agenda 2030 y de su trasfondo, tan edulcorado de demagogia y mala leche. 

la amnistía, lejos de ser una ley para la convivencia, lo es para la conveniencia del Presidente del Gobierno y su partido

CULPABLES, los españoles, indiferentes a la suerte que le pueda ocurrir a su patria

Manuel Parra Celaya. En medio del escándalo de corrupción del caso Koldo, el PSOE -y, con él, todo el II Frente Popular que nos desgobierna- ha lanzado las campanas al vuelo por el acuerdo alcanzado sobre la Ley de Amnistía; el Sr. Bolaños, incluso sin el menor rubor, se ha felicitado a sí mismo ante las cámaras de televisión por este importante logro que, políticamente, asegura la continuidad de Pedro Sánchez al frente del Ejecutivo. No puedo menos que repasar en mi memoria y documentación otros momentos de la historia, preludio de la tragedia, cuando el I Frente Popular, hipotéticamente vencedor en las elecciones de febrero de 1936, indultó a quienes habían perpetrado un golpe de Estado separatista contra la legalidad republicana en octubre de 1934; también, en aquellos momentos, no hubo ningún arrepentimiento de los culpables, sino contumacia en el delito, con las consecuencias que todos sabemos.

No son contrapuestas, por supuesto, la gaita y la lira, siempre que la segunda no pretenda ahogar a la primera

LOS SONES INAUDIBLES DE LA LIRA

Manuel Parra Celaya. Todos los medios afines a la derecha se felicitan de forma apasionada, quizás no tanto por la revalidación de la mayoría absoluta del PP en los comicios gallegos como por la debacle del PSOE. Este entusiasmo es compartido, en mucha medida por todo el antisanchismo nacional, entresacando, incluso, más que apresuradas conclusiones sobre el efecto que podrán tener estos resultados a otra escala. No dejan de ser lógicos estos sentimientos, siempre que se tengan en cuenta los angostos y alicortos parámetros en que se mueve la política española.

Sahara, Palestina, Marruecos, Ucrania

El II Gobierno Frankenstein y sus campañas solidarias

Manuel Parra Celaya. Recuerdo que no hace tanto tiempo en que veíamos en nuestras ciudades pintadas solidarias en las paredes y convocatorias a conferencias, charlas informativas y coloquios a favor del Sahara y del Frente Polisario y en contra de los afanes anexionistas de Marruecos; bastó que el presidente Sánchez, sin comunicar ni siquiera al Rey su decisión (que algunos dicen producto de un chantaje) de virar radicalmente de simpatías y la posición de su gobierno en el conflicto, para que todos los actos y letreros callejeros desaparecieran como por ensalmo. Es decir, esa izquierda montaraz y reivindicativa de la independencia de un territorio y amiga de los saharauis abandonó sus campañas y prédicas en claro seguidismo de sus líderes y patrones; allá se las compusieran quienes malvivían en los campamentos de Tinduf o quienes guerreaban abiertamente para reclamar su independencia de la injerencia alauita.

lo que Roma propuso a nuestros lejanos ascendientes, y, siglos más tarde, otros españoles hicieron con los pueblos americanos

HISPANIZAR

MANUEL PARRA CELAYA. Varias veces he visitado las venerables ruinas de la ciudad romana de Cáparra, en Cáceres, y la última revistió especial emoción al pasar bajo el arco cuadrifonte al amanecer, en el transcurso de la Ruta de la Plata, junto a mi esposa y a un peregrino brasileño al que traté de contagiar de mis sensaciones, y creo que lo conseguí, por cierto. Cuando asistí a la proyección de la película Gradiator en la primera ocasión (pues, en contra de mi costumbre, repetí), no pude dejar de relacionar aquel paisaje cacereño con el hábitat del personaje central, Máximo, y de su familia asesinada en la ficción por el tirano Cómodo; me dio en la nariz que, acaso, Ridley Scott, el director, o Russell Crowe, el actor, se habrían dado previamente una vuelta por Cáparra como inspiración para crear el imbatible militar y luego gladiador apodado hispano, como este apodo parecía garantizar. Ya sé que no fue así al parecer y el rodaje transcurrió en otros escenarios, pero prefiero seguir con mi fantasía, obediente a mi condición orsiana de ciudadano de Roma.